Ladrillos caen del edificio del Partido Socialista. Ricardo Lagos y sus traumados viudos no entienden que pasa. Una teja se suelta del techo y le rebotó en su calva nuca. Carolina Goic está en la junta nacional de su partido DC y, sin que lo espere, también le cae un contundente ladrillo en su rubia cabellera. ¡Tonc!
Los edificios del sistema político chileno llamado Régimen Transado o Cuotiado, se han comenzado a trizar.
El Régimen Transado o Cuotiado está basado en un axioma cerrado: es un mundo político que pertenece a sus creadores. Los fundadores y creadores del “Régimen Transado” son: los Ricardo Lagos, los Pablo Longueira, los Sebastián Piñera, los José Miguel Insulza, los Alywin y los Frei.
Las instituciones están cuotiadas para su uso propio y para instalar a sus amigos fieles, en ellas sus compinches pueden comer tranquilos: El Tribunal Constitucional, el Consejo de Defensa del Estado, Servel, Televisión Nacional, el Instituto de Derechos Humanos, etc.
Ese axioma no ha necesitado ser comprobado. Es una fe de los creadores. Ellos no necesitan demostrarlo. A lo más, para ellos, la prueba más contundente de su verdad a priori, es que el sistema funciona.
Dicen simplemente: ¡Vean lo bien que ha funcionado!
Camaradas: Hay que simplemente tener fe, creer en él.
¡Creer en él!
Eso lo repiten luego los operadores del Régimen Transado o Cuotiado.
Cuando ellos hablan, hablan desde una fe. Aunque su verdad, como todas las verdades según Inmanuel Kant, son parte de un acuerdo.
Pero, según ellos, no puede haber otras creencias.
La filosofía política de Kant la vislumbró Arthur Schopenhauer cuando dijo: «el mundo se basa en mi voluntad y en mi representación».
Las creencias o representaciones de los políticos que fundaron el “Régimen Transado y Cuotiado” y que surgió después de Pinochet, dependen de su cultura, de su educación, de su sociedad, de su familia, en fin, de sus genes.
Sus creencias o axiomas no pueden ser puestos en duda. Tenemos que creer en sus axiomas o prejuicios.
¿Y en que están basados esos axiomas o prejuicios?
Sus prejuicios están basados en los miedos de la guerra fría.
En el mundo de estos políticos no hay posibilidad de duda acerca de la contradicción del sistema de representación que ellos han construido.
Todo lo que no funciona lo han echado bajo la alfombra, como por ejemplo, las inmensas desigualdades creadas, el dominio de unas corporaciones plutocráticas, el machismo implícito en las relaciones políticas y sociales, el monopolio de los medios de comunicación masivas, la pobreza cultural y artística, el extendido racismo y la malévola corrupción de sus cuadros políticos.
Ellos no tienen voluntad de entenderlas o comprenderlas. Para eso existen las alfombras, para echar la mugre bajo ellas.
Por eso sus debates son reiterativos, están anclados en sus axiomas. Dos más dos es cinco.
No pueden explicarse los nuevos hechos. Para que eso ocurriera, ellos deberían experimentar cambios profundos a nivel personal, a nivel traumático.
Ahora bien, aun así, a pesar de los ladrillos que les caen en la nuca, a pesar de los traumas craneanos, no han dejado de creer en lo suyo, en sus viejas premisas: la forma de representación que ellos construyeron.
La casa se triza, camaradas. Pero reaccionan del mismo modo, todavía creen en sus axiomas, sus viejas creencias definidas a priori. Es la metafísica de sus axiomas de la filosofía política. Uno no puede convencerlos de otra metafísica utilizando la razón. No. Son sus creencias. Es una fe.
-Respeten mi fe, acostumbran a decir con sorna.
Son sus conceptos inventados, su forma de representación, sus generalizaciones, sus a prioris que se encuentran en su genoma.
Si se invitara a Chile a los mejores neurocientíficos del mundo y sus computadores, las resonancias magnéticas a los viejos políticos chilenos, en un lugar definido de la corteza cerebral y sus cableados internos encontrarían todas sus viejas premisas intactas, pero encogidas, resecas como si fuesen pasas tan duras como un tumor a punto de hacer metástasis.
Creen en ellas tal como creen que las matemáticas son universales. Son perfectas. O la geometría básica: la línea más corta entre dos puntos es la recta.
Si alguien les cuestiona sus a priori, ellos, los viejos políticos chilenos, como un cabro chico, cierran los ojos para no ver el cuco.
No sacamos nada con decirles que vivimos en un medio ambiente impredecible y abierto y no determinista.
No. Se asustan de inmediato y se meten debajo de la colcha, como niños.
Morirán con sus a priori.
En países con un sistema de partidos políticos más estable y más sano, siempre surge y se estimula una juventud crítica que alerte del envejecimiento prematuro del partido. Pero eso no existe en Chile. Por eso esto debería llamarse “Crítica de la razón envejecida”.
Es decir, el tiempo pasa y se han puesto viejos. Y el tiempo pasa la cuenta, el cableado neuronal se oxida; el cobre es un buen conector, pero con la humedad y el uso, se oxidan y sus pelitos tan rojos al inicio se vuelven verdes. Los viejos se pueden poner tediosos. Sus ojos no ven del mismo modo. La vista se nubla más seguida. Y sus abstracciones, que deben dar cuenta de la observación del espacio y el tiempo, salen fallidas. El sabio Einstein de por medio, la relación del espacio y el tiempo es un cálculo difícil de hacer cuando los datos empíricos están fallidos.
A estos viejos políticos les parece muy ofensivo que se les hable así claramente. Lo sé. Los escucho rumear. Algunos me leen y se irritan como se irritan los viejos, mascullando. Creen que es insolencia gratuita o violenta. No están acostumbrados a escuchar la firme. Ello sólo hablan con eufemismos.
La verdad es un látigo en sus cuerpos blandos.
Los entiendo. Pobrecitos. Nadie quiere morir antes de tiempo. Hay viejos que siempre creen que todavía hay algo que pueden aportar, además de escribir sus memorias.
Pero, la realidad es que a estos veteranos ven mal. La vista se les nubla. Observan y reaccionan más lentamente.
Definir el espacio y el tiempo, se deriva de la observación empírica y de la observación de la experiencia concreta. Allí es donde ellos fallan.
Y como ven mal, observan mal, no están dispuestos a establecer nuevos acuerdos. Y, qué curiosa es la filosofía política, todas las verdades son acuerdos.
Estos viejos constructores del actual roñoso y corrupto sistema político que se triza y se caen sus tejas y de cableado neuronal oxidado, son capaces de decir, (sin saber que Georg Wilhelm Friedrich Hegel lo dijo primero): Aquí, compañeros, se acabó la filosofía.
Pero Inmanuel Kant los ha corregido en su Crítica de la Razón Pura, cuando sella sus ideas diciendo que «La ruta crítica es la única que sigue abierta».